– ¿Y qué tal está Inglaterra?–. Pregunté
–Es gobernada por una reina tiene edificios muy altos y en esta época
del año llueve bastante…
– ¿Por qué no nos avistase de tu regreso? –Dijo mamá– Te hubiera
preparado una mejor bienvenida
–Lo lamento, quería sorprenderlos. En realidad planeaba regresar en el
cumpleaños de Colette –Me miro– Pero cambie de planes.
–Sea como sea nos alegra tenerte de vuelta–. Le dijo papá
Después de cenar, subí a mi habitación y me puse mi pijama y me eche en
la cama me quede pensando en la visión que tuve en la mañana. Cerré los ojos y
me quede dormida.
Había una mujer corriendo, su
cabello era negro y ondulado sus ojos eran azules, llevaba puesto un vestido
rojo y largo, parecía preocupada. Entró a una casa abandonada y miro hacia la
ventana, ella se asusto al verlo y retrocedió.
Un hombre con un abrigo negro y pantalones negros también, tenía el
cabello largo y obscuro. El desapareció y la mujer buscaba en todas partes
cuando apareció enfrente de ella, la tomo por el cuello y la elevó, ella gritó
del susto y del dolor, unos colmillos se vieron cuando gritó.
– ¡Dámelo!–. Le ordeno.
Los ojos de él eran rojo escarlata y había rabia en ellos.
–Nunca... –. Le contesto la mujer
– ¡Muere entonces!–. La arrojo contra la pared
Ella quedo inconsciente, él le prendió fuego a la casa y las llamas se
esparcieron por todos lados. El hombre huyo de ahí.
–No…–. Dijo otro hombre de cabello castaño. El llevaba una camiseta
blanca que estaba manchada de sangre y rota con pantalones negros– ¡Anabelle!
El hombre entro a la casa y busco a la mujer. Ella estaba rodeada por el
fuego, abrió los ojos recuperando la conciencia.
– ¡Anabelle!
– ¡Lowell!–. Tosió por el humo que había.
–Anabelle–. La encontró pero no podía ir con ella por el fuego, partes
del techo comenzaron a caer– Hay que salir de aquí.
– No puedo. Lowell tienes que ir por Ankyara ¡Ve por ella!.. ¡Ahora!
–Pero Anabelle –Se acerco.
–Si no vas por ella Jack la encontrara y la matara… ¡Corre! Tienes que
hacerlo.
Lowell salió de la casa y corrió escucho a una bebe llorar y la tomo en
los brazos, noto que había un collar junto a la bebe y lo guardo, corrió lo más
rápido posible para llegar con Anabelle, pero la casa se caía a pedazos.
Se escucharon los gritos desgarradores de Anabelle dentro de la casa.
– ¡¡Anabelle!!–. Gritaba Lowell con lágrimas en los ojos.
Desperté asustada, tomo el celular de la mesita junto a mi cama y vi la
hora, me levante de un salto y me puse mis pantalones de mezclilla que estaban
rotos de las rodillas y con unas manchas blancas como si estuviera desgastado y
una blusa roja con cuadros negros y mis converse negros lo más rápido que pude,
tomé mi mochila y salí corriendo de mi habitación.
– ¡Papá! –Grité buscándolo– ¿Dónde está?
–Ya se fue – Me dijo Erick
– ¿Podrías llevarme al colegio? ya se me hiso tarde…
Tomo las llaves de la mesa y salimos de la casa, y en minutos llegue al
colegio
–Gracias, te debo una –Me despedí– Te veré en casa.
En clase de gimnasia, el silbato del entrenador sonó y nos dijo que
diéramos vueltas al campo.
– ¡A correr chicos!
–Odio dar vueltas. –Me dijo Marley quejándose.
–Vamos floja –Le dijo Owen– tienes que hacer ejercicio.
Al cabo de 25 vueltas corriendo, yo ya me había cansado, el entrenador
sonó de nuevo su silbato.
–Al fin –Dijo Marley– ¡A descansar!
–Vengan aquí chicos–. Nos ordenó el entrenador.
Todos nos acercamos, un chico estaba al lado del entrenador. Él era alto, casi como el entrenador, su cabello
era de un castaño claro y sus ojos eran verdes con unos pequeños destellos
cafés.
–El es su nuevo compañero, Arthur Miller.
Su mirada se cruzo con la mía y sentí una punzada en el pecho y sentí
como si mi sangre me ardiera, me dio mucho calor y sed, de un momento a otro me
falto el aire no pude respirar y caí al suelo, desmayada.
– ¡Colette! –Gritó mi mejor amiga
–Muévanse, déjenla respirar –El entrenador me levanto del suelo– Marley
llévala con la enfermera.
–Claro.
La enfermera que era la señorita Ellen me entrego un vaso de agua.
–Debes estar deshidratada, no creo que sea bueno que corras mucho.
–Yo estoy de acuerdo con eso–. Dijo Marley
Bebí del vaso
–No sé qué sucedió pero estaré bien, gracias.
–Si no te sientes bien podrás irte a casa.
–Estoy bien.
En la clase de historia, el nuevo estudiante se sentó un par de asientos
detrás de mí, sentí su mirada, me costaba mucho concentrarme en mi examen. Cuando
termine se lo entregué a la profesora y volví a mi asiento, Arthur desvió su mirada, abrí mi libreta y vi una
gota de sangre, pude notar que me sangraba la nariz.
Salí del salón con la mano cubriéndome la nariz,
fui directamente al baño, solo había una chica lavándose las manos, me acerque
para limpiarme la nariz, ella salió de ahí y yo me enjuagué. Me eche agua a la
cara, al levantar mi rostro vi en el espejo una sombra detrás de mi parecía un
hombre, volteé rápido y algo asustada pero no vi a nadie, mire de nuevo el espejo y no había
nadie más que yo <<Debo estar volviéndome loca>> pensé.