Capitulo 12


– ¿Qué tal tu cita con Arthur?–. Pregunto mi amiga.
–Prefiero no hablar de eso.
– ¿Qué paso?
–Marley, por favor.
–Bien, conozco esa mirada y sé que no fue como lo esperabas ¿cierto? Dime que te hizo ese tipo.
–Te lo digo de verdad, no quiero hablar de eso. Pero te prometo que te contaré pronto ¿sí?
–Bien… Aush!– Se quejó mi amiga antes de tirar algunas hojas al suelo.
– ¿Qué pasa?
Pero en cuestión de segundos aumento el calor de mi cuerpo, Marley se lastimo el dedo con una de sus hojas y salió una pequeña gota de sangre.
–Estúpida hoja de papel– Se llevo el dedo a la boca.

Vi como Arthur se acercaba pero me di vuelta para alejarme.
–Colette… ¿Podemos hablar?– Arthur me tomo del brazo.
–Lo siento, debo ir a clase.
–Colette déjame explicarte lo que paso ayer.
–No tienes nada que explicar, de verdad, de cualquier modo tú y yo no somos nada.
–Colette por favor, necesitamos hablar.
–Es que no hay nada de qué hablar.
–Quiero solucionar las cosas.
–Y ¿qué vas a solucionar, eh? Solo déjame en paz ¿quieres?
Me solté pero de inmediato me tomo de nuevo el brazo.
–Me lastimas.
– ¿Algún problema chicos?–. Intervino mi amiga
–No –Conteste y volví a soltarme– Arthur ya se iba, igual nosotras.

No volví a ver a Arthur en todo el día. Al terminar la escuela sentía que mi cabeza daba vueltas y mi vista se nublaba un poco. Marley me llevo a casa  y me sentí mucho mejor cuando me di una ducha. Mamá y papá salieron a cenar juntos y me dejaron a cargo de Amy, pues Erick no se encontraba en casa, pero yo ya sabía en donde estaba.
Amy y yo estuvimos viendo películas en la sala y comimos palomitas Amy no tardo en quedarse dormida en mis piernas, apague la televisión y la lleve cargando en los brazos hasta su cuarto. Después yo fui al mío y al cerrar mi puerta un invitado inesperado apareció.
–Me entere de que te vuelves una de nosotros.
Estaba por salir corriendo para proteger a Amy de Jack, pero aunque abrí tan rápido como pude mi puerta Jack apareció enfrente de mí y la cerró de nuevo.
–Escucha no vine a matarte, si quisiera hacerlo ya lo hubiera hecho. –Me miro con una mirada tan penetrante con esos ojos y podría jurar que pudo ver hasta mi alma– Pero quiero algo antes.
–No confío en ti.
–Yo sé que no, después de todas las historias que te debieron de contar es difícil que confíes en mí. Pero tú no sabes nada.
–Eres un asesino.
– ¿Y me tienes miedo? –Dijo con una sonrisa
Jack se acerco tanto a mí que puse nerviosa.
– ¿A qué has venido?– Dije con el mejor tono para que no notara mis nervios.
–Vine a desearte buenas noches… Pequeña Ankyara.
–No me llames así.
–Niña, no puedes oponerte a lo que eres y tú eres la hija de la obscuridad.
–Eso es mentira.
Jack soltó una carcajada.
–Vaya que eres especial, te contare tu pasado, lo que eres, la verdad –Jack jugueteo con un libro de mi buro–. Puedes creerme o no, es tu decisión pero es la verdad.
– ¿Qué verdad?
–Fue hace mucho tiempo, pero aun así lo recuerdo muy bien. –Jack comenzó a caminar por toda mi habitación–. Lowell y su amada Anabelle felices de tener en sus brazos a la bebe que tanto anhelaban, de poder ser una familia completa. A esa bebe a la que decidieron llamar Ankyara, por ser otra criatura más de la noche. –Me  miro– Tú, un vampiro, un vampiro desde el momento que naciste.
–Sangre Pura.
–Exacto –Sonrió–. Desafortunadamente poco tiempo después hubo un trágico accidente, tu madre murió, dejando a tu padre solo y destrozado, incapaz de criar a una niña. Y al ser tú la viva imagen de Anabelle, la amada que nunca volverá, Lowell no quiso tenerte y te tiro al mundo de los humanos. Una noble y en mi opinión exquisita pareja con su único hijo decidieron adoptarte y tenerte, sin saber de dónde habías venido.
–Tú la mataste y Lowell desea vengar su muerte.
–Dime entonces ¿por qué te abandono y te oculto la verdad? Dejo que el tiempo pasara y ahora aparece de la nada. Admítelo él te ha arruinada la vida que ya llevabas, y quiere que lo dejes todo solo porque te vuelves un verdadero vampiro.
–Dijiste que soy vampira de nacimiento ¿Cómo es que justo ahora eh cambiado?
–No hay vampiros tan jóvenes como un niño. No es muy común, siendo vampiro así de joven, nunca crecería y sería verdaderamente una tortura aguantar los caprichos de un niño –Jack hizo una mueca de disgusto–. Tú al ser vampira desde nacimiento, debes crecer, pero durante tu niñez nunca tendrás apetito de beber sangre, hasta tener la edad suficiente para beberla.
– ¿Cómo es que aún puedo salir de día?
–Una vez que cambias, empieza a correr el reloj, por siete días, durante ese tiempo podrás experimentar ciertos cambios, pero serán tus últimos días antes de convertirte en un vampiro total, al pasar los siete días, serás bienvenida a tu hogar en las penumbras.
– ¿Quieres decir que ahora seré como tú?
–Oye yo puedo darte la solución. Yo puedo hacer que vuelvas a tu vida normal y seas una chica normal, y que solo los vampiros que tú conozcas salgan de libros y películas pero necesito de tu ayuda –Esta vez se acerco para hablarme al oído–Entrégame la joya del collar de Anabelle.
Retrocedí un paso atrás y lo mire confundida.
–Si tú me lo entregas, toda tu vida de humana, volverá a ser lo que fue y jamás volverás a saber nada de vampiros. Solo quiero la joya.
– ¿Cómo se que no me mientes?
–No puedes, no sabes nada de mí, pero si no lo haces te quedaras tal y como estás ahora por toda la eternidad. Veras morir a tu familia mientras tú eres un vampiro. Tienes hasta el séptimo día –Se acerco a la ventana –El tiempo corre Ankyara, aun quedan cuatro días.
Saltó de mi ventana y desapareció.